Este es un libro para ingenieros, no para la ingeniería.

Su objetivo es el hombre, no la obra.

Es estrictamente argentino, no extranjero.

Intenta acompañar al profesional en su diario trabajo, sin enseñarle derecho.

DANIEL ENRIQUE BUTLOW

MEMORIA DESCRIPTIVA

Lo difícil, es escribir un libro necesario. Si además es bueno, quedará completada esa creación mágica que se produce cuando se encuentran un lector y un escritor.

Yo sé que este es un libro necesario y he intentado con todas las fuerzas a mi alcance conseguir que sea bueno.

Se trata de una obra dirigida a profesionales ingenieros y también a quienes buscan orientarse al contratar sus servicios, calcular sus retribuciones o juzgar su responsabilidad y creo que tiene por finalidad terminar con el mito de una profesión incomprendida por el derecho.

He reflexionado mucho tiempo para entender el motivo del distanciamiento entre el derecho y la ingeniería, porque sé, que cuando no hay tiempo o capacidad para el análisis, se lo reemplaza por el prejuicio o el preconcepto, que de alguna manera también es una forma de comprender.

¿Cómo puede pensarse en forma matemática, cuando apenas se conocen sus cuatro reglas fundamentales?
¿Cómo entender un plano, si jamás se ha tomado un lápiz entre las manos?
¿Cómo sentir la dirección de un proceso constructivo, cuando no se ha intentado ni siquiera armar un mecano?

Estas falencias personales, lejos de ahuyentarme de la empresa, me permitieron agudizar el proceso de observación, porque a pesar de todo, yo sabía que desde las profundidades de los tiempos, el derecho siempre acompañó a la ingeniería, aunque tal vez sin un traductor experimentado.

Mientras la ingeniería acompañó sólo a reyes y a príncipes, en su arte guerrero o en sus construcciones monumentales, esta traducción no produjo inconvenientes, porque en definitiva, quien dictaba la ley y quien contrataba, pagaba o responsabilizaba era la misma persona, pero un día los “cives romanos”, es decir, los ciudadanos, también quisieron contratar ingenieros y entonces comenzó a gestarse la historia de una ingeniería civil, creada para diferenciarse de la militar y madre de todas las restantes especialidades, en la que el Estado sólo actuaba como árbitro de relaciones entre terceros.

Visité facultades, realicé centenares de entrevistas, observé vestimentas y lenguajes y me interné en obras e instalaciones para por fin tratar de leer con galas de paciencia lo que hasta hoy se les había presentado en forma de derecho.

Descubrí así, un intento casi esquizofrénico por resumir todos los estudios jurídicos en un solo tomo, titulando al engendro con alguna combinación entre las palabras Ingeniería, Derecho o Legal, tarea similar y tan posible como la de presentar las reglas, especialidades y el objeto puntual de la ingeniería en el mismo envase.

Si yo hubiera aprendido derecho en la forma que se lo han enseñado a los ingenieros, también lo odiaría.
Nuestro ESTUDIO BUTLOW Abogados  llega a los ingenieros, luego de 30 años de experiencia -es decir de sinsabores y éxitos- en el asesoramiento especializado de arquitectos. Esta circunstancia ha sido necesaria, pero no determinante para poder escribir este libro, ya que las diferencias de aplicación de derecho que existen entre una y otra profesión son tan sutiles que confundieron hasta a los propios redactores de la normativa arancelaria y ni hablar de los que redactaron las normas de fondo.
Concluido el análisis, puse manos a la obra trazando mi propio proyecto.

En primer lugar, su finalidad, que es brindar una herramienta de trabajo útil para enfrentar los dilemas y las ansiedades jurídicas cotidianas. Si fuera médico diría que este es un libro de primeros auxilios o un preventivo de infecciones en los momentos de debilidad.

Ahora los temas, que en primer lugar involucran la contratación, porque es el momento donde el ingeniero se vincula profesionalmente con el mundo exterior.
Retribución, porque siempre entendí que las profesiones también eran un medio de vida para la inmensa mayoría de sus cultores. Sin una retribución digna, perdemos nuestra autoestima y, con ello, todo.

Responsabilidad, porque sin ella no podemos entender ni siquiera la trascendencia de lo que estamos haciendo y mucho menos lo que vale nuestro servicio en función de lo que ponemos en juego al realizarlo.

Como ya lo he señalado con anterioridad, este es un libro para ingenieros y no para la ingeniería.
Esto explica porque puedo dirigirlo a un especialista en electromecánica, en agronomía o en ingeniería civil y también por qué logré superar el difícil escollo de la forma en que se brinda y ofrece el servicio profesional.

Para mí, el misterio desaparece cuando se tiene en cuenta la profesión elegida, es decir, la ingeniería.
Un ingeniero empleado es por sobre todo un ingeniero. Su vida está gobernada por algo más que la ley de contrato de trabajo, que aún en el caso específico, se le aplica con un rigor diferenciado.

Un empresario comercial, y sin que importe el nivel alcanzado tampoco será un simple comerciante o industrial si ostenta un título de ingeniero y lo mismo ocurrirá con un funcionario público, un político o aún un militar.

También señalé que este era un libro integramente argentino, es decir, estrictamente nacional.
En la búsqueda de antecedentes bibliográficos me resultó muy impactante la escasez de obras nacionales mal compensada con la gran cantidad de diccionarios bilingües de carácter técnico.

No escapará a ningún lector la imposibilidad de trasladar los temas de mi libro desde sus paralelos en otras naciones.
Pero aún así, debo anticipar que en nuestra especialidad no existe el colonialismo intelectual que se impone en otras. El derecho argentino, sustentado en sus bases romanas, francesas y castellanas es monumental y de una profundidad apabullante para nuestros descreídos vecinos del primer mundo.
Y hablando precisamente de derecho, quiero reafirmar, que he tratado de defenderlo, de custodiarlo y de serle fiel en cada una de las 1.000 respuestas que contiene este libro. En definitiva, y cuanto menos, me ha parecido poder cumplir con aquella promesa que hice hace muchos años, cuando solemnemente, al ser interrogado sobre si juraba por Dios y por la Patria respetarlo, contesté… Sí, juro.

Dr. Daniel Enrique Butlow